MUDADOS!
Nos hemos mudado.
Ya podéis seguirnos en esta nueva dirección.
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Nuevos planes, idénticas estrategias.
Cine más allá de las fronteras de la distribución
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En este intermitente blog de cine que llevamos desde hace tres años,
hemos enfocado nuestra actividad en películas que no encontraban huecos
en la distribución convencional, que nos llegaban en copias secundarias,
por plataformas online, o en visionados dentro de ciclos
especializados.
Mientras tanto, también hemos hecho una película. Después de rodar en
la navidad de 2010 en Estados Unidos siguiendo las huellas de una
comuna igualitaria que desapareció hace dos siglos, hemos culminado la
edición de nuestro documental.
Os invitamos a visitar este enlace (http://www.indiegogo.com/Christmas-in-Icaria)
para verlo online, descargarlo, pedir el dvd, etc… y participar así en
este proyecto que llega ahora a su última fase. Gracias a vuestro apoyo
podremos completar la película a tiempo para el Visions du Réel International Film Festival (Suiza), donde estrenamos la película.
Si os parece interesante la iniciativa, compartidla por favor con otros colegas, entidades y amigos.
Un abrazo a todos, y mil gracias!
Aurelio y Dani
Estamos de mudanza.
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Nuevos planes, idénticas estrategias.
Buscar por de Antonio
“Has llegado a un país desconocido. Tienes algunas ideas sobre ese país. Ideas basadas en postales, algunas películas, descripciones en novelas… Así que en realidad, no sabes nada de ese país”. Asumiendo su rol de turistas accidentales, el cineasta Jem Cohen y el escritor Luc Sante merodean por Tánger para realizar la película que les ha sido encargada. Eligen quedarse en un suburbio cercano al aeropuerto. Le Bled parte de la extrañeza del visitante y de su capacidad para fantasear sobre el destino de los edificios y las personas que encuentra en su camino. Durante sus trece minutos eternos nos es posible sumergirnos en el estado mental de excitación del viajero: las confusas impresiones iniciales dan paso al contacto con algunos de sus habitantes, y comienzan a llegarnos ruidos, músicas y fragmentos de voces lejanas. Por encima de ellos, la voz interior de Sante continúa enumerando, imponiendo su ritmo narcótico a las imágenes. Niños, ovejas y luces de neón conviven en un lugar que desafía nuestra concepción clásica de ciudad. Tánger aparece aquí en un tiempo detenido, más fantasmal que nunca, como una nueva tierra de nadie en la filmografía de Cohen.
DG
Algunos días de fiesta religiosa, cuya celebración tenía resonancia particularmente local o familiar, fiestas que siempre caían durante el verano, salía el niño por la mañana, camino de la iglesia. Unas veces le llevaban a la catedral, otras más lejos, a algún barrio popular, nunca o raramente visitado, donde estaba la iglesia en cuestión, y en ocasiones hasta había que atravesar el río, cuya densa luminosidad verde parecía metal fundido entre las márgenes arcillosas.
Qué aire inusitado cobraba todo. Era primero lo de ir y volver en horas cuando ya comenzaba a apretar el calor, porque las salidas veraniegas acostumbradas se hacían al caer la tarde o la noche. Luego lo de ir por las calles matinales, entoldadas unas, otras descubiertas hacia el cielo radiante, cuyo igual no encontraría en parte alguna. Por último lo de mirar al paso y de cerca la actividad del barrio popular y del mercado.
Cuánta gracia tenían formas y colores en aquella atmósfera, que los esfumaba y suavizaba, quitándoles a unas dureza y a otros estridencia. Ya era el puesto de frutas (brevas, damascos, ciruelas), sobre las que imperaba la rotundidad verde oscuro de la sandía, abierta a veces mostrando adentro la frescura roja y blanca. O el puesto de cacharros de barro (búcaros, tallas, botellas), con tonos rosa o anaranjado en panzas y cuellos. O el de los dulces (dátiles, alfajores, yemas, turrones), que difundían un olor almendrado y meloso de relente oriental.
Pero siempre sobre todo aquello, color, movimiento, calor, luminosidad, flotaba un aire limpio y como no respirado por otros todavía, trayendo consigo también algo de aquella misma sensación de lo inusitado, de la sorpresa, que embargaba el alma del niño y despertaba en él un gozo callado, desinteresado y hondo. Un gozo que ni los de la inteligencia luego, ni siquiera los del sexo, pudieron igualar ni recordárselo.
Parecía como si sus sentidos, y a través de ellos su cuerpo, fueron instrumento tenso y propicio para que el mundo pulsara su melodía rara vez percibida. Pero al niño no se le antojaba extraño, aunque sí desusado, aquel don precioso de sentirse en acorde con la vida y que por eso mismo ésta le desbordara, transportándole y transmutándole. Estaba borracho de vida, y no lo sabía; estaba vivo como pocos, como sólo el poeta puede y sabe estarlo.
Mañanas de verano. Ocnos, Luis Cernuda (1963)
DG
Buscar por Villamediana
Arrancó esta semana una nueva edición del festival Punto de Vista en Pamplona. El año pasado se homenajeó a Paulino Viota por el cuarenta aniversario de su película "Contactos", una de las obras más relevantes -y a la vez invisible- del cine underground español del tardofranquismo. Cuestiones de azar, he visto la película hace cuatro días, sin reparar en la coincidencia con el festival.
Viota (director) y Santos Zunzunegui (coguionista) presentaron la película en Pamplona junto a "Jeanne Dielmann" de Chantal Akerman e "Invasión" de Hugo Santiago, seleccionadas por el propio Viota.
Dejo un enlace de la presentación que se hizo en la sala de Pamplona.
Paulino Viota:
“Contactos” está inspirada en otras artes. Nos basábamos en los grandes escultores vascos, Oteiza y Chillida. En Oteiza era muy importante la idea de vacío, la materia de la escultura es necesaria para agotar un vacío, el verdadero tema de la escultura, un vacío que para Oteiza era positivo, un lugar de acogimiento espiritual como puede ser para un creyente una Iglesia. Al llevar esta idea al cine, tratamos de traducir lo que en Oteiza era Espacio en Tiempo, puesto que el cine es un arte temporal. Y le dimos un sentido contrario: no un sentido positivo, de recogimiento, sino la expresión de la dureza de la vida en aquellos tiempos de Franco.”
El sentido contrario al que hace alusión Viota hizo que la película engarzase con una cierta frialdad bressoniana (citada por el propio Viota). Y es interesante la reflexión sobre el espacio y el tiempo a la que alude: el tedio que se origina del meticuloso estudio de las posibilidades del tiempo cinematográfico es a su vez el tiempo de la época que se está filmando; y la pobreza de los medios con los que se filma, afirma Zunzunegui, es igualmente la pobreza de aquel tiempo.
La forma y los materiales de "Contactos" es, por tanto, la extensión de un pensamiento vivo y de una manera de batallar en los estertores del franquismo.
Aurelio Medina
Buscar por Viota
¿Popol Vuh o Health? Elijamos el que elijamos, el arranque de la película original o el videoclip del grupo neoyorkino, siempre está Herzog.
Acudo a Werner Herzog después de ver "Teniente Corrupto", relectura que hizo el año pasado del oscuro descenso a los infiernos que filmó Abel Ferrara en 1992. Pasé fin de año en New Orleans y, lo que suele pasarme siempre que una ciudad me atrapa, a la vuelta busco películas, libros o incluso canciones que dibujen la ciudad y que completen mi perspectiva o que simplemente me hagan recordarla. Los primeros episodios de la serie "Treme" han sido una gran elección. Volver a escuchar el disco de Alain Toussaint y Elvis Costello "The river in reverse" también, sin duda. Todo iba bien hasta que vi "Teniente Corrupto". Poco que decir: el cuidado que mantenía Ferrara retratando a Harvey Keitel es sustituido aquí por una constante indiferencia de Werner Herzog hacia su actor, Nicholas Cage. Quizás hasta esa ridícula peluca de Cage sea idea de Herzog para pasárselo mejor aún mientras le filmaba en New Orleans. Una nueva broma desconcertante de Herzog pero de casi dos horas de duración. Sólo un comentario más al respecto: ¿no recuerda, por la manera en que está insertado en el relato, esa iguana en primer plano a la gallina que bailaba al final de "Stroszek" (1977) aquella otra broma que desconcertó a espectadores e incluso a los trabajadores de la película?
He citado "Stroszek" y, buscando referencias de ella, descubro que el tema que bailaba la gallina es el mismo que baila el alma de un delicuente que asesina Nicholas Cage en este "Teniente corrupto" ("Old lost John", del bluesman Sonny Terry). Prefiero evitar meterme en reflexiones extrañas y no unir ideas irrelacionables, acabaría escribiendo muchas más estupideces de las que ya tengo entre manos. Guardo un gran recuerdo de esos seis días en New Orleans como para seguir dando vueltas en torno al detective Nicholas Cage.
Sobre la redención trataba "Teniente corrupto", al menos en la película de Abel Ferrara. Volver a ver "El gran éxtasis del escultor de madera Steiner" (1974) ha tenido en mí un cierto efecto redentor con respecto a la obra de Herzog. En realidad, creo que nunca había dudado. Sólo me tomo "Teniente corrupto" como una broma pesada con New Orleans como decorado. Vean al teniente corrupto de Herzog, y luego el éxtasis del escultor Steiner y asunto solucionado. Y entre medio, si quieren, a la gallina bailando rock 'n' roll en "Stroszek". Y vayan a New Orleans si pueden, igualmente.
La navidad acabó pero la nieve sigue cayendo, no es mala opción escribir de nuevo al inicio de este año con inquietantes imágenes de saltos de esquí, acompañados de gallinas que bailan rock e iguanas que se ríen de Nicholas Cage.
Aurelio Medina
Buscar por Los Hijos
Antes de cerrar el chiringuito, otro plano secuencia que nos hace diez minutos más viejos,
otros ojos que van a ser difíciles de quitarse de la cabeza en un tiempo.
Como la definió su autora: una demostración de amor.
Daniel García
Buscar por Mommartz
He vuelto, de casualidad, a pensar en "Profit motive and the whispering wind", en la fuerza de sus imágenes. No hay duda, este recorrido romántico e íntimo sobre las tumbas de una civilización sigue arraigado en mi pensamiento -bueno, menos ese final...-
En los últimos meses, vuelvo a escuchar la canción de Leonard Cohen "The Partisan" y me hace pensar que, quizás, el músico canadiense grabó esta canción inspirado por las bellas imágenes de estas tumbas acompañadas del viento silibante.
Oh, the wind, the wind is blowing,
through the graves the wind is blowing,
freedom soon will come;
then we'll come from the shadows
No me importa que la canción tenga cuarenta años más que la película.
Aurelio Medina
Buscar por Gianvito
En el caos que sigue a la caída de
10:00
Victor Diomen, el hombre que recuperó una copia perdida de
40:00
“Si las imágenes no existían, se fabricaban”. Dos comunistas que fingen serlo: los actores torturan a un supuesto preso alemán, posiblemente en un estudio de cine. Marker interroga siempre a la imagen, en este caso la de los films de propaganda nazi que acusaban a los soldados de Stalin de crímenes atroces. La escena de tortura viene precedida de una larguísima pila de cadáveres. Una vez más, la ficción no sólo se anticipa sino que estimula a la realidad.
70:00
Josef Stalin aplaude una representación en el palco de un teatro. Aparentemente, un comunista de verdad. ¿Pero es Stalin o se trata de Mikheil Gelovani, el actor que lo interpretó durante 15 años en el cine? ¿Quién osaría filmar al dictador arriesgando su vida? Muchos desaparecieron de la foto por apuntar con el objetivo donde no debían, muchos otros disfrutaron de una cómoda posición por filmar la fantasía de los planes quinquenales. Gelovani murió el día del cumpleaños de Stalin, pero no antes que el dictador sino tres años después, en su casa de Moscú. Gelovani y Medvedkin, para algunos funambulistas, para otros simplemente funcionarios.
Daniel García
Buscar por Marker
Descubro por Adrian Martin en Cahiers un interesante experimento de escritura de cine. Quizá me entero demasiado tarde de este proyecto, "10/40/70" de Nicholas Rombes. Demasiado tarde porque salió a la luz hace más un año, y demasiado tarde porque el blog desde el que fue auspicidado, "Digital Poetics", parece haber dejado de operar hace también bastante tiempo. Rombes proponía seleccionar tres códigos de tiempo de una película, concretamente los minutos 10, 40 y 70, y a partir de estas tres imágenes, escribir sobre la película en cuestión. Rombes argumentaba que en esta era digital, la discontinuidad tenía tanta fuerza que merecía una nueva mirada. Así, más que seleccionar escenas concretas de una película y comentarlas, resultaría más interesante que la película se mostrase en unos parámetros concretos, de manera aleatoria, y nosotros tuviésemos que comentarla.
Este juego crítico me llegó viendo "Hacia el sur", de Van der Keuken. Seleccioné los tres fotogramas, tres imágenes al azar, y curiosamente descubrí cierta imbricación entre ellas.
10:00
Plano general de unas sillas vacías. Un espacio de reunión improvisado, alternativo, alejado de lo convencional. Una reunión acaba de terminar. O quizás no ha empezado. Es un lugar de debate vacío.
40:00
En este plano medio, picado sobre estos dos hombres, la elección del punto de cámara no es casual, aviva el desamparo de estas personas que parece que no quieren mirar a cámara por vergüenza, o simplemente su mirada se pierde, apesadumbrada ante la realidad que están contando.
70:00
Concreción de un rostro, tras el plano general y el medio de antes; en este caso, la boca de la verdad, en Roma. La leyenda dice que, si metes la mano y mientes, te la arrancará. El ojo de la cámara se ha ido cerrando hacia la oquedad de la boca de esta antigua piedra.
Un espacio de debate sin sus protagonistas; dos rostros tristes, en silencio y entre sombras, y la boca que cortará la mano a todos aquellos que mientan. El viaje de Van der Keuken en "Hacia el sur", filmando a aquellos excluidos y asfixiados por la sociedad occidental, queda de alguna forma sintetizado en la inusitada correlación narrativa que he encontrado en estos tres planos.
Quizá podamos seguir analizando películas según este proyecto 10/40/70. Veremos.
Aurelio Medina
Buscar por Van der Keuken
En escena entra un hippie barbudo, sonriente, que da vueltas sobre sus patines, portando una cámara de fotos en sus manos. Dispara sin criterio alguno. "Aquí, el clima y la luz son propicios. Te paseas, y sueñas con Los Ángeles, lo que es, lo que podría ser, y lo que esconde en ella". Sigue disparando fotos. En cuadro entran mujeres posando delante de los innumerables murales grafiteados que pueblan la ciudad. Rostros de toda índole en los muros, inmensos grafitis que hablan de la integración, de la historia de la ciudad; la "muralidad" angelina. Agnes Varda quedó fascinada por esta orgiástica explosión de color mientras avanzaba entre tantas y tantas avenidas gobernadas por palmeras, y decidió volver con su cámara para filmar una película de una hora sobre los muros y su significación en la ciudad. Mostrando a estos artistas explicando el porqué de sus obras, de las situaciones contradictorias que dibujan (maravilloso el mural donde un cowboy entre los matojos de una pradera contempla cómo da vueltas en el espacio un astronauta), acaba ella misma siendo una muralista más, porque "Mur Murs" no es más que un colorido mural sobre la vida desenfadada en Los Ángeles a finales de los setenta. Tiene razón el hippie barbudo. Con "Mur Murs", paseas por Los Ángeles, sueñas con Los Ángeles, lo que es, y lo que esconde en ella.
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Foto de Jem Cohen
"Submissive dogs can lash out in fear
and be very very dangerous,
But I´m a coward"
Desde el pasado 25 de diciembre escuchar "Coward" de Vic Chesnutt estremece aún más.
"Coward" aparece en "Evening's Civil Twilight in Empires of Tin" (2007), ese ambicioso -e invisible- proyecto que Jem Cohen llevó a cabo junto con Chesnutt y músicos del sello canadiense Constellation.
En la web sólo he encontrado los primeros minutos de esta película, concebida como una representación de "La marcha Radetzky", la novela de Joseph Roth sobre la caída del imperio austrohúngaro, y que silenciosamente muta en una lectura fúnebre de nuestros días, sobre el imperio que hoy, tras su reluciente fachada de barras y estrellas, acobarda a excluidos.
Y, desde el pasado 25 de diciembre, este "Coward", escucha tras escucha, no deja de estremecer.
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Bienvenidos al Tercer Espacio, nos advertía la Playstation 2 hace unos años. Un nuevo espacio a camino entre nuestra experiencia real y la proyección de nuestras experiencias imaginadas. Un mundo con otras reglas donde uno puede ser lo que quiere ser, donde Bambi puede con el todoterreno que intenta atropellarla. David Lynch, el artífice de los spots de dicha campaña publicitaria, es precisamente quien más ha insistido en explorar este tercer espacio en el que viven los habitantes de su propia ciudad.
¿Existe realmente Los Angeles? Si hay una ciudad en el mundo que vive totalmente confundida con su propia imaginación, ésa es Los Angeles. Puede suceder que una ciudad viva temporalmente confundida con su propia imagen, como le sucedió a Madrid con su sueño olímpico truncado en pesadilla, pero el caso de la ciudad californiana es ejemplar puesto que ha servido de plató natural para la industria de Hollywood durante todo el siglo XX. Resulta especialmente reveladora en este sentido Los Angeles plays itself (Thom Anderson, 2003), una mirada lúcida a un espacio urbano maltratado por el relato cinematográfico, que ha acabado ocultándose humillado al mirarse en el espejo deformante de la pantalla cinematográfica. Presentada a la manera de ensayo, la película de Anderson realiza un minucioso estudio de la mirada del cine hacia la ciudad y del enorme decalage que Hollywood ha abierto entre ella y su representación. La revisión de títulos es agotadora, desde Blade Runner a Chinatown, pero la visión de Anderson sobrepasa la del erudito y es capaz de introducir experiencias personales y una fina ironía que filtra todo el relato.
No deja de ser siempre sorprendente el ver de nuevo películas de ficción cómo si fueran documentales de un tiempo y un espacio ya desvanecido. La elegía, el lamento por el fin de unos días, es también una vía para adentrarse en este tercer espacio de una ciudad, en este caso tomándola como escenario de la propia infancia. ¿Existen Liverpool y Winnipeg? Desde luego, no tal y como los conocimos cuando éramos niños, parecen decirnos Terence Davies y Guy Maddin en Of time and the city (2008) y My Winnipeg (2007), sendos filmes sobre las ciudades en las que ambos crecieron. Este punto de partida tan obvio afortunadamente está lejos del documental histórico, supone más bien una oportunidad para los dos realizadores de ahondar en sus propias construcciones mentales de Liverpool y de Winnipeg.
Of time and the city es una vuelta de tuerca más de Davies sobre su querida y odiada Liverpool, aunque ésta vez, desde la no ficción. La película se apoya en una excelente selección de archivo que nos devuelve el Liverpool gris de la posguerra, poblado de casas de ladrillo y niños con las rodillas sucias. La voz grave de Davies recita versos propios y de Joyce o Chejov, ilumina la mísera vida familiar de domingos de misa y fútbol en Anfield con las fantasías provocadas por el cine y la radio. Es el montaje el que nos guía de forma exquisita a través de las décadas, del Liverpool en blanco y negro al de color, de la inocencia de los seriales radiofónicos a los estragos de la droga en los setenta. Si bien no falta crudeza en algunos episodios (la diatriba contra la represión ejercida por la iglesia) ni amargura (“I am an alien in my own town” llega a decir), el lirismo abandona poco a poco el tono elegíaco para confundirse tristemente con la retórica del video promocional (arco iris, fuegos artificiales y demás triunfalismos). El patrocinio de Liverpool Ciudad de la Cultura 2008 quizás, pesó demasiado. Of time and the city puede verse finalmente como un enorme esfuerzo por dar una continuidad entre el imaginario personal y el imaginario institucional, por reconciliar la identidad escindida del autor con la memoria colectiva de su comunidad en un tercer espacio que se constituye en el filme.
Lejos de las amables reconciliaciones se sitúa la bizarra propuesta de Guy Maddin. My Winnipeg alterna imágenes documentales rodadas en digital en el Winnipeg actual con reconstrucciones muy estilizadas propias del universo Maddin. El cine mudo habitual en su filmografía es sólo el referente estético a partir del cual se subvierte la moral caduca de los años dorados de Norteamérica. Bajo la amable apariencia de las fotografías familiares, la infancia de Maddin, al igual que la de Davies, parece sacada de un manual de psicoanálisis: un salón de belleza, mujeres castradoras, un padre ausente y toneladas de sexo reprimido.
Del mismo modo, existe una ciudad bajo la ciudad. Caprichosamente, emergen huellas que hacen visible esa otra ciudad, como emergen del hielo las cabezas de los caballos congelados en su río. Winnipeg, poblada de muertos vivientes, ofrece toda una mitología sobre la que Maddin se permite fantasear, caricaturizar en ocasiones, pero siempre desde una infinita ternura. También encontramos aquí el recurso de la voz over del realizador, pero en My Winnipeg, Maddin es un personaje más, excesivo como todos, atormentado por sus obsesiones. Partiendo de la fábula de la huida imposible de la ciudad, Maddin crea una descomunal alucinación que le permite recrear gozosamente sus fantasías infantiles, al mismo tiempo que salda alguna que otra deuda con sus fantasmas del pasado. Pero, “¿Qué es una ciudad sin sus fantasmas?”, se pregunta finalmente el realizador. Las políticas locales de memoria no han hecho sino echar inútilmente tierra sobre ellos. Su familia también ha hecho lo propio. Maddin, aunque es consciente de las limitaciones del medio con el que trabaja, se refugia en el cine, en la hermosa celebración de la ficción. Su Winnipeg sigue vivo y es una amenaza constante para todos aquellos que tratan de construir ciudades sin mácula, envasadas al vacío, listas para ser comercializadas.
Daniel García
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No, no hemos cogido el barco en el puerto de New York hacia Europa. Pero sí puede que estemos de Vacaciones permanentes. O puede que se haya estrenado este fin de semana la nueva película de Jarmusch y me vengan retales de su filmografía, llegue a su primera película y recuerde la inanicción de este blog.
Bueno, puede que volvamos pronto, dejemos el final abierto.
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En 1996, Jem Cohen grabó “Lucky Tree”, retrato sobre el malogrado cantante de Portland Elliott Smith. Se compone de tres partes, dos canciones del "Either/ Or" de Smith y un cover del grupo Big Star. Letras susurradas en un improvisado estudio buscando ser evocadas en la cámara itinerante de Cohen, imágenes buscando compañía en los melancólicos mensajes de Elliott Smith: la integración entre ambos universos tan cercanos emerge en esta tímida pieza. Una vez vista, parece no haber música más adecuada para acompañar estas imágenes urbanas de Cohen que la de Elliott Smith. Quizá, cuando vuelva a escuchar "Between the bars", a ese chico depresivo que le pedía a una mujer inestable que le acompañase a beber para olvidar la presión de los días, la canción habrá quedado ya ligada a estos paraísos desiertos de Cohen. Los paraísos desiertos de Elliott Smith.
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