La question humaine (Nicolas Klotz, 2007)


“Vamos a hacer como si esto jamás ocurrió” decía la protagonista de la reciente 4 meses, 3 semanas, 2 días en el angustioso final del filme. Sin embargo, ella misma sabe que ya nada será igual después de asomarse al abismo, el tormento la acompañará para siempre. Los personajes de La question humaine sufren por lo que ellos mismos hicieron en el pasado, pero además a Simon, el protagonista, se le añade un sufrimiento adquirido por algo que otros hombres hicieron cuando él ni siquiera había nacido. He aquí el deslizamiento desde el individuo hacia la condición humana herida profundamente en los campos de concentración nazis. El cine tampoco volvió a ser el mismo después de Auschwitz. Nicolas Klotz, consciente del “pecado original del cine”, como lo llamó Godard, insiste en La question humaine en mostrar al mismo tiempo las heridas de las conciencias y del lenguaje cinematográfico.

(Leer más...)

Simon, interpretado por Mathieu Amalric, es psicólogo en el departamento de Recursos Humanos de una multinacional alemana con sede en Francia. Simon evalúa, selecciona y trata de moldear a sus compañeros para aumentar su productividad. Además, disfruta del reconocimiento de sus superiores tras un exitoso despido masivo en la fábrica. Sin embargo, es precisamente a través del contacto con uno de sus jefes con lo que la percepción de su trabajo y de toda su vida comienza a alterarse.
Estamos por tanto ante una película que se debate entre el film de tesis y el drama existencial, que gana en tanto que se mantiene ambigua entre ambos y pierde cuando se decanta con claridad por uno de ellos. Si hay temas que no permiten el mínimo desequilibrio entre forma y fondo, éste es uno de ellos.

Ocurre que como ensayo, todo el peso de la película se sustenta en un relativismo muy discutible, en una ecuación simple y mentirosa como es la que iguala al neoliberalismo con el nacionalsocialismo. Y tanto que existe una conexión entre ambos, tan obvio como que los nazis no inventaron casi nada sino que aplicaron sistemas ya existentes a la destrucción de individuos. Es una conexión ya explorada sabiamente por otros como Roy Andersson en su excelente cortometraje World of glory, donde lo hacía precisamente sin renunciar a su papel de explorador de imágenes y sonidos. Pero llevar la comparación al extremo como hace esa especie de justiciero que aparece hacia el final encarnando a la Verdad absoluta, y con el cual el realizador no deja de identificarse durante todo el filme, no hace sino tratar de achatar la realidad y aligerar el peso del mayor interrogante del siglo XX, el que nace de las cenizas de Auschwitz.
Ocurre también que los restos literarios de la novela en que se inspira La question humaine son el eje narrativo sobre el que avanzan las pesquisas de Simon, y que son éstos los que están a punto de echar por tierra una gran película para convertirla en un Soldados de Salamina cualquiera.

Entonces, ¿Por qué estamos ante dos horas y media de visión obligada, ante una de las películas más turbadoras del cine europeo reciente? Pues precisamente por todo eso que queda entre el drama y el ensayo, que no es ni uno ni otro sino que son puro cine. Hablo de imágenes desgarradas que expresan todo el absurdo del mundo en que vivimos, que no dan respuestas. La question humaine perdura en la retina gracias a ellas. El malestar de una sociedad enferma se traduce en la disolución del relato, ingresamos así en el ámbito de la pesadilla. La violencia es ejercida en cada encuadre, en cada palabra y en cada silencio. El olor a muerte habita en los despachos y en los pasillos de las oficinas. El tiempo se detiene, es el tiempo de la mente atormentada de Simon.
Klotz hace un uso inteligente de la elipsis para desarmarnos aún más, y se alía con el sonido para aumentar el extrañamiento de Simon, que es el nuestro. El cante jondo de Miguel Poveda y el techno de la rave contribuyen por igual a dibujar este paisaje desolado de siniestras chimeneas.
Todo parece estúpido y doloroso en La question humaine. Poco a poco, el sonido se aleja de las imágenes, se reivindica a sí mismo hasta adueñarse de una pantalla en negro. Sobre ella, sobre lo irrepresentable, se repite una y otra vez una palabra: stücke (piezas), el más terrible de los eufemismos.

Daniel García

3 comentarios:

David C. dijo...

Parece interesante.

J. del Fiasco dijo...

la película del año sin duda

ximena dijo...

hola, quisiera saber de donde la puedo descargar. es importante. gracias.