Batalla en el cielo (Carlos Reygadas, 2005)


En 1994, Michel Houellebecq publicó Ampliación del campo de batalla, novela que planteaba las desastrosas consecuencias de la extensión de la lógica capitalista a todos los ámbitos de nuestra vida y, muy especialmente, al terreno del sexo. Una década después, Batalla en el cielo parte de esta profunda división enunciada por el novelista francés entre los que tienen acceso al sexo y al dinero y los que no lo tienen. Marcos es un funcionario bigotudo y obeso, Ana es una chica rica y atractiva que se prostituye por placer. En la secuencia inicial, Carlos Reygadas pone en escena la colisión de estos dos mundos mediante una larguísima felación. Comienza la batalla.

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Pese a ello, pensar en esta obra como una vuelta de tuerca más de esta ampliación del terreno de lucha – al cielo e infierno de Mexico DF en esta ocasión – resultaría un esfuerzo totalmente estéril. Batalla en el cielo se revuelve contra todo lo plano y predecible que hay en una novela de Houellebecq, contra la mente del autor atormentado, para renacer de la eclosión de las fuerzas vivas, del roce entre cuerpos extraños (llámense actores o no), del misterioso comportamiento de un ser humano cualquiera en una ciudad cualquiera. Cómo no, será una batalla con final incierto.

Reygadas construye su film en torno a algo aparentemente tan simple como un lugar y unas personas que se mueven en él. El sudor y la carne, el humo y el ruido, son los elementos en los que el cineasta bucea en busca de lo esencial. Marcos se baja del coche, ha anochecido y afuera en la gasolinera suena Bach. Alejado del realismo mágico, Reygadas toma al pie de la letra los postulados de Bresson sobre la no-interpretación. La presencia - ausencia del cuerpo de Marcos actúa como detonante para que a su alrededor se produzca la revelación. Es una tensión que habita en cada plano y que hace que la película continúe viva en la memoria. Sin embargo, frente al equilibrio de los maestros, el cine del mejicano juega con mucha frecuencia al arrebato, a la transcendencia por el camino del exceso. A menudo, la cámara subjetiva y el sonido pugnan por romper nuestra observación distante del rostro pétreo de Marcos para tratar de llevarnos a una experiencia metafísica como la que él está viviendo. Es un sistema que corre el peligro de ahogarse en sí mismo.

No obstante, existen una luz y un suave rumor proveniente del exterior que permiten que, de repente, la cámara abandone el cuerpo desnudo de Ana en la habitación y recorra con parsimonia los tejados de la ciudad. El tiempo está detenido, es otro tiempo. Lograr la absoluta inmersión del espectador en él es quizá el mayor logro del film, el de constituirse como experiencia con mayúsculas. Las ceremonias militares y religiosas, el sexo y la muerte, nos trasladan inevitablemente al tiempo del rito, un rito que el protagonista se siente forzado a completar peregrinando de rodillas hasta la basílica de la Guadalupe cual Harvey Keitel en Teniente Corrupto (Abel Ferrara, 1992).

Enfrentarse a el Batalla en cielo exige conservar algo de inocencia en la mirada para no dejar escapar ese precioso instante en el que lo ordinario torna en sublime. Si Reygadas concibe el cine como un arte más cercano a la música que a la literatura, su batuta está aún demasiado visible, pero el resultado, extrañamente, no puede dejar de sobrecogernos una y otra vez.

Daniel García


2 comentarios:

cristina dijo...

Hola!!!!por fin escribo algo por aquí, no lo he hecho antes, porque sabeis que no tengo mucho que comentar sobre estos temas, ojalá!!pero prefiero no evidenciar tanto mi ignorancia... :-(
Sólo os escribo para comentaros que os he añadido como blog amigo en el mío (http://lagaleriaescondida.blogspot.com)para que la gente que me visite pueda tener el lujo acceder a vuestro espacio.
Buenolll os dejo mil besillos por aquí, en verda ahora mismo estais aquí literalmente en huelva, uno durmiendo, otro viendo el fútbol...pero weno, ya lo leereis...
cuidaros mucho mucho!!!!
muacs

Anónimo dijo...

en el andén del metro, cuando los personajes, los boteros del bosco, discuten sórdidamente.... los inválidos, los niños, los ejecutivos: pasa el glamour de lo marginal.... ahi es cuando ella dice, con inaudita pusilanimidad, "de sugus"; en ese "de sugus" esta el vigor cinematográfico de reygadas.

DDLM.